El perdón de PPK

Por Patricia Montero

El presidente Kuczynski y su familia, como cualquiera de nosotros, tiene derecho a creer y practicar cualquier creencia o dogma que le provoque. Lo que no puede hacer es arrogarse representaciones que nadie le ha otorgado. Me pregunto por qué “pecados” exactamente habrá pedido perdón el jefe del Estado a nombre de todos los peruanos durante un desayuno de oración que fue destacado –como no– por el cardenal Cipriani en su programa radial. En el video, publicado en el sitio conservador y católico, se escucha a PPK ofrendar sus pensamientos y acciones como Presidente al Sagrado Corazón de Jesús. Hasta allí todo bien, él decide en quién o en qué cree. Lo que resulta contradictorio es cuando pide “perdón a Dios” en nombre del Perú por “las decisiones tomadas en contra de sus mandamientos”.

Se referirá acaso a defender los derechos de la comunidad homosexual, al uso de la píldora del día siguiente, al aborto en casos de violación. O a exigir que los sacerdotes pedófilos vayan presos, tal vez por defender mujeres violadas tras ponerse en un escaparate o valoradas por la cantidad de hombres que llevaron a su cama.

Será acaso por tener pensamientos impuros y vivir nuestra sexualidad con libertad. Quizá por comprar condones y difundir métodos anticonceptivos. Será por el simple hecho de decidir vivir en libertad sin culpas ni miedos al castigo divino. Cuántas cosas encierra el gesto del Presidente de pedir “perdón” por todos nosotros.

Algunos ya me dicen por las redes sociales, “tanto escándalo por nada”. No es tan simple, el ejercicio de nuestras creencias religiosas debe ceñirse al estricto privado y no comprometer las políticas públicas con hechos ni gestos que pongan en duda la imperiosa necesidad de dejar en el pasado pensamientos y doctrinas que nos convierten en una sociedad hipócrita y de doble moral. Antes de pedir perdón debería el Presidente exigirle respuestas a Juan Luis Cipriani por la dudosa participación de la iglesia en los negociazos del ex asesor Carlos Moreno.

 
Tomado de: La República (23 de octubre 2016) Edición Impresa.