Católicas Vanguardistas

Católicas Vanguardistas

Por: Pedro Salinas

Me suena raro decirlo. Pero es así. Me refiero a las activistas de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), una organización comprometida con la promoción y defensa de los derechos sexuales, que, paradójicamente, batalla por la libertad de conciencia sin renunciar a su religión. Porque no creen en la obediencia ciega.

Un referente de este movimiento que forma parte de una red latinoamericana es la estadounidense Rosemary Radford Ruether (Minnesota, 1936), una intelectual y teóloga feminista que cree que en la iglesia católica no necesariamente los que están a cargo tienen la razón. Así la describió días atrás el irlandés Jon O’Brien, presidente de Catholics For Choice (CFC), entidad emparentada con las CDD.

Radford cuestiona sin tapujos el catolicismo “supersticioso y dogmático”, pues considera que la jerarquía de dicha institución se ha quedado adherida a “doctrinas obsoletas de épocas pasadas”. En consecuencia, le importan dos pepinos y un bledo lo que el papa piense de ella y es que, desde su punto de vista, en el catolicismo hay diferentes gamas y la suya se ubica en el ala progresista, en el flanco de los reformistas, al lado de quienes no van a esperar que la facción conservadora se tome una eternidad para salir de su modorra. Bueno. Así piensa Radford, les cuento. Y así piensan también las militantes peruanas de CDD, que no son muchas, pero qué quieren que les diga, son como las chicas superpoderosas. O algo así. Porque en poco tiempo han logrado no pocas cosas, además de reconocimientos.

La semana pasada, para ponerles un ejemplo, presentaron en sociedad un importante estudio sobre religión, sexualidad y política, que le encargaron al Instituto de Estudios en Salud, Sexualidad y Desarrollo Humano de la Universidad Cayetano Heredia, y que ha sido elaborado a base de encuestas en Lima - Callao, Ayacucho y Pucallpa.

Radford cuestiona sin tapujos el catolicismo “supersticioso y dogmático”, pues considera que la jerarquía de dicha institución se ha quedado adherida a “doctrinas obsoletas de épocas pasadas”.

La investigación, entre otras cosas, revela que muchos cristianos en el Perú quisieran vivir y encarnar algunos de los valores positivos del catolicismo, pero, ojo, al mismo tiempo quieren ejercer con libertad sus derechos sexuales, por lo que consideran que la religión debería quedarse en el ámbito privado y no extra-polarse a las políticas públicas. O dicho de otra manera, la gente tiene cada vez más nítido que es primordial que se legisle en función de derechos y necesidades, y no de creencias que poco o nada tienen que ver con el sentido común.

Como ven, el asunto no es baladí. Ni baladá. Y eso que todavía estamos en pañales. No obstante, por lo pronto en Lima-Callao, Ayacucho y Pucallpa, muchos peruanos tienen la percepción de que el Estado no debe subsidiar ni exonerar de impuestos a la iglesia católica. Que en materia de educación sexual estamos bastante atrasados. Que la actitud general hacia la anticoncepción oral de emergencia es favorable. Que respecto del aborto existe todavía mucha confusión. Que por fin se ha entendido que el sida no es un castigo divino, sino un problema de salud pública. Y en ese plan.

En fin. A todo esto, no sé cómo, pero algo se ha avanzado, la verdad. Falta mucho trecho por recorrer aún para ser un Estado laico, pero lo que realmente importa es que hay menos borregos que antes. Y somos un pelín más independientes de aquellas instituciones que quieren controlar lo que hacemos debajo de las sábanas y que, por cierto, nos incumbe únicamente a nosotros y no a un señor vestido de luto, que, encima de no tener idea de lo que significa el sexo, pretende enseñarnos lo que debemos y no debemos hacer con él. Digo.

Lima , 19 de Julio 2013

Fuente: La Verde